Umuntu Ngumuntu Ngabantu

Posted on

UMUNTU NGUMUNTU NGABANTU (una persona se convierte en persona por medio de otras personas)

Dicho popular africano

Las preguntas que normalmente nos hacemos  las personas blancas al presentarnos son “¿A qué te dedicas?” “¿Cuál es tu trabajo?” “Qué haces en tu tiempo libre?”. Recuerdo -ahora con nolstalgia- la sempiterna pregunta que me hacían en Uganda: “¿Tienes familia?” A mi siempre me salía una respuesta muy natural: sí, claro, mi madre, mi padre, mi hermano, mis tíos, mis primos…hasta que me daba cuenta de que realmente me estaban preguntando si YO tenía hijos y marido. Acá se me define por mi estatus laboral, por mi capacidad para ganar dinero. Allá se me definía por mi estatus familiar, por mi capacidad para engendrar hijos.

It is not possible to arrive at a balanced understanding of psychological processes in developing societies without critical awareness of these societies’ assumptions about life.

Self, Community and Psycholoogy, NHLANHLA MKHIZE

Como ahora el tiempo y las palabras se me escapan de las entrañas, aquí os dejoel último número de la revista Resonancias, la revista de APM (Asociación de Profesionales de la Musicoterapia) en donde he escrito un pequeño artículo. Está en el rincón de los socios.

RESONANCIAS 19

También deciros que este viernes 4 de Mayo sobre las 13:30 me van a entrevistar en el programa de Carne Cruda de Radio 3:Carne Cruda. ¡Estoy intrigadamente nerviosa! ¡Nunca me han hecho una entrevista!

Por último, como siempre, unas fotitossssss

This slideshow requires JavaScript.

Si yo… quizá…

Posted on

The situation described here probably makes Africa one of the most important and interesting continents for contemporary music therapy. It highlights that to sensitize music therapists to the fact that their practices are situated involves something more and different than learning local songs and traditions of music-making. It involves deep engagement with and critical review of notions that we take for granted in our everyday lives: what music is, what health is, what therapy is, what it means to be a human being, etc.

Culture-centered music therapy, Brynjulf Stige

Hace tiempo que no miro al horizonte. Hace tiempo que no escribo. Occidente me deja sin palabras, casi que me deja sin aliento… por suerte, los ojos de Uganda siguen observándome desde un ángulo contrapicado, se ríen cuando entro en absurdos bucles de preocupación insostenible, se relajan cuando salgo a la calle y nadie reconoce mi existencia, se alteran cuando entran en un supermercado y no sé qué tipo de muesli elegir, se entristecen cuando me doy cuenta de que no conozco los nombres de mis vecinos, se melancolizan cuando veo músicos con el ceño fruncido sobre una partitura.

Siguiendo con la inutuición que ya me abordaba en el avión de camino a España, me ha asaltado una profunda necesidad de seguir reflexionando sobre mi experiencia, ahora ya más despegada de la emoción y más arrejuntada al plano teórico. Es curioso cómo la vivencia sigue su propio camino, cómo va despertando y adormeciéndose, transformándose y reinventándose, arreplegándose y estirándose. Así que me he lanzado de lleno a preparar mi Master’s Dissertation para la Universidad de Aalborg sobre mi experiencia ugandesa.

El principio de este viaje está consistiendo, básicamente, en plantearme por qués, desde dóndes, hasta dóndes, cómos, cuándos…

“There’s no reason why a music therapist should always think she has to do “therapy”.

Perhaps this is the key: what unites all authors in this book is their courage to throw theoretical concerns to the wind when appropriate, to follow the needs of people and circumstances, asking not `what is music therapy?`and `what is a music therapist`, but `what do I need to do here, now?´. They dare to follow where people and music lead.

Community Music Therapy, Mercédès Pavlicevic

Descuajeringar definiciones para poder adaptarlas al aquí y al ahora no sólo es divertido -como jugar a disfrazarse- sino que ABRE caminos en elSER, palabros que no (me) canso de repetir(me) estilo mantra para ver si se (me) asientan y dejan, así, de estar en relieve. Las tuercas fijas sólo sirven para los armarios de Ikea, para las personas mejor si son flexibles. Aquí os dejo una cancioncilla que habla de eso. Las imágenes son de mi reciente visita a Galicia.

                                  SI YO QUIZÁ  

         Si yo pudiera ofrecerte una estrella a la que agarrarte,

         quizá mi corazón te palpitara hasta abrasarte.

            Si yo pudiera ofrecerte un calzador que te encajara,

         quizá te apretaría hasta dejarte sin alma.

            Si yo pudiera ofrecerte una sonrisa que no se borrara,

         quizá te ahogaría tu gran tempesta de lágrimas.

         Y es que no, no se puede.

         No se puede atrapar, si al atraparlo desvanece.

            Si yo pudiera ofrecerte una pastilla pa’ que no dolieras,

         quizá mi mano olvidara acariciarte la pena.

                                                                   Ana Navarro Wagner

                      

Así que este nuevo viaje teórico ha empezado construyendo preguntas. Es bonito hacer preguntas, sobre todo cuando van cambiando de forma, de dirección, de intención, de entonación. ¡Dar con la pregunta adecuada es bastante más difícil que dar con la respuesta adecuada! Creo que mi principal objetivo es contar mi historia, reflexionar sobre ella, darle mil vueltas de bailarina, ponerla guapa para que otros la vean, para que no quede en un trastero lleno de polvo, para que se critique y comente, para que se comparta.

How an experience of transformation for the therapist can help enrich the narrative possibilities within music therapy;

Community Music Therapy, David Stewart

Aún con la boca muy pequeñita, emocionada pero tímida, murmuro palabras torpes y desarticuladas…si yo quisiera indagar más, quizá tenga que volver a Uganda para coger más datos para mi tesina…si yo pudiera, quizá sería bueno volver para aclarar algunas cosas…si yo, quizá, si yo, quizá, quizá…


Los ojos de Uganda

“ It is impossible to describe the shock of return. I recall that I stood for the longest time staring at a neatly painted yellow line on a neatly formed cement curb. Yello yellow line line. I pondered the human industry, the paint, the cement truck and concrete forms, all the resources that had gone into that one curb. For what? I could not quite think of the answer. So that no car would park there? Are there so many cars that America must be divided into places with and places without them? Was it always so, or did they multiply vastly , along with the telephones and new shoes and transistor radios and cellophane-wrapped tomatoes, in our absence? “

The poisonwood bible, Barbara Kingsolver

A veces, cuando la inercia me atrapa y me dejo llevar por el frenético ritmo barcelonés, intento ver este mundo a través de los ojos de Morris, o los de Betty, o los del señor Peter. Ver el metro que te transporta en 15 minutos al otro lado de la ciudad. Ver cómo la basura desaparece de los contenedores día tras día. Ver cómo somos capaces de comer en apenas 20 minutos y seguir con nuestras tareas. Ver cómo la ropa da vueltas en una máquina y sale limpia y, a veces, seca. Los grifos que escupen agua potable. Y caliente. Los interruptores que se encienden siempre que los tocas. Los muebles de Ikea que montas con un destornillador. Los temporizadores de tres minutos que te informan de cuándo está preparado el té. Los tíovivos llenos de luces que no paran de dar vueltas y más vueltas. La cantidad de panes, tomates y mandarinas diferentes que hay. La cantidad de palabras que caben en una sola frase occidental. Lo poco que respiran las personas entre palabra y palabra.

“`What is that, Aunt Adah? And that?`their Pascal asks in his wide-eyed way, pointing through the aisles: apink jar of cream for removing hair, a can of fragance to spray on the carpet, stacks of lidded containers the same size as the jars we throw away each day.

`They’re things a person doesn’t really need.`

`But, Aunt Adah, how can there be so many kinds of things a person doesn’t really need?`

I can think of no honorable answer. Wy must some of us deliberate between brands of toothpaste, while others deliberate between damp dirt and bone dust to quiet the fire of an empty stomach lining?`

The poisonwood bible, Barbara Kingsolver

Creo que los tres exclamarían ese ¡EH! tan agudo y negarían con la cabeza ante la extrema ridiculez de los problemas que tenemos los blancos. Aunque, con este acelere que llevamos encima no me extraña que luego nos quedemos atascados en problemas ridículos. Tal velocidad insensibiliza, porque no te permite digerir, no hay manera alguna de acomodar tal cantidad de estímulos diarios. Entonces, cuando por fin uno se para a mirar un poco el horizonte, siente un vacío enorme que se lo engulle sin apenas masticar. Y quieres vaciar ese vacío cultivado por un exceso de insensibilidad hacia lo que nos llena. Porque estamos tan ocupados que no nos damos cuenta de que nos vamos llenando. Y entonces es cuando a uno no le queda más remedio que ir a terapia, o comprarte otro coche, u otro equipo de música, u otro ipad 2, porque tus amigos también están demasiado ocupados haciendo y deshaciendo y rehaciendo lo ya hecho. Eso sin contar que toda la energía que se va en el trabajo es imposible de recuperar en un sólo fin de semana. Con lo cual ya vamos arrastrándonos en la inercia insensible. Si allá me cansaba el no hacer nada, aquí me cansa el hacer tanto. ¡Es que hacemos mucho!

¿No habrá un punto intermedio?

 

This slideshow requires JavaScript.

 Uganda se me diluye por entre la memoria…está ahí todo el rato, como mirándome desde la distancia, observándome con curiosidad, pero como disuelto y esparcido por entre mi sentir. A veces lo noto. Noto a Uganda. Porque a veces digo una cosa y hago otra. Y eso es válido. O a veces pienso algo y no hago nada al respecto. Tampoco espero tanto. Y pienso que, bueno, ya lo haré otro día. O no. 

REDESCUBRIENDO…

Posted on

Since the day we arrived, Mother has nagged us to write letters to our classmates at Bethlem High, and not one of us has done it yet. We’re still wondering, where do you start? ´This morning I got up…´I’d begin, but no, ´This morning I pulled back the mosquito netting that’s tucked in tight around our beds because mosquitoes here give you malaria, a disease that runs in your blood which nearly everyone has anyway but they don’t go to the doctor for it because there are worse things like sleeping sickness or the kakakaka or that someone hast put a kibáazu on them, and anyway there’s really no doctor nor money to pay one, so people just hope for the luck of getting old because then they’ll be treasured, and meanwhile they go on with their business because they have children they love and songs to sing while they work, and…

And you wouldn’t even get as far as breakfast before running out of paper. You’d have to explain their words, and then the words for words.”

The poisonwood bible, Barbara Kingslover

Explicar las palabras, y luego explicar las palabras para esas palabras. Y aún cuando las pronuncias puede que ni siquiera alcancen a significar lo que realmente ha atravesado tus entrañas…y cuando salen de tu boca ya están tan lejos que quizá pertenezcan a otra. Pero, en fin, qué le vamos a hacer…agarrémonos a ellas y si se escurren y se pierden y se desconectan de la pionera emoción, no nos quedará más remedio que cantarlas. Entonces sí que nos agujerearán las entrañas.

Me parece increíble que hayan pasado 15 días desde que volví de Uganda. El tiempo, igual que las palabras, se me escapa, casi que se evapora sin darme cuenta. En Uganda 15 días eran muuuuuucho más largos

…y pasaban muchas menos cosas.

Me siento infinitamente más cómoda en esta constante estimulación, en este continuo HACER, pa’ arriba, pa’ abajo, pa’ los lados., pa’ alante, pa’ atrás…todo menos para dentro, porque aquí, en el lado de acá, no queda tiempo para acomodar. Todo se queda apelmazado en las capas de arriba, que son constantemente excitadas por nuevas informaciones/sensaciones/actividades. Vamos, que, hablando en castizo, estoy de subidón, porque hay agua caliente, porque las calles están asfaltadas, y limpias, porque la luz no se va, porque me comunico con mis amigos y familiares, todo para afuera, en vez de todo para adentro, porque el café está rico y te lo sirven en medio minuto, porque la gente no se queda mirándome por la calle, ni me piden dinero, porque las ciudades son bonitas y puedo pasear sin que me atropellen, porque la comida es orgásmica, porque el vino me hace reír, porque tengo taaaaanta suerte de poder estar aquí. Mis ojos lo observan todo con la inocencia y la ilusión de un niño que descubre algo…¡pero el placer de REdescubrir es casi más intenso que el de descubrir!

Por otro lado yo ya he pensado mi propósito de este año: dejar de HACER y dedicarme más a SER…¡cosa naaaada fácil!

Por cierto, aquí os dejo un link de un programa de radio en donde mencionan este blog. ¡¡Si Peter supiera que nuestra canción ha salido por la radio…!!

(aquí es donde las palabras no llegan y la música arrasa)

Programa de musicoterapia en la radio

Por último, y siguiendo con este bombardeo de primeras impresiones, unas fotitos…

This slideshow requires JavaScript.

EL FINAL ESPIRALOSO

Se acerca el final…pero, también, ¿el final de qué? ¿Dónde está el principio? ¿A partir de cuándo cuenta?  ¿De cuando mis pies tocaron el aeropuerto de Entebbe? ¿De cuando mis dedos cliquearon el ratón del ordenador para ejecutar la compra del billete? ¿De cuando me enteré del proyecto en una sala del Palacio de Europa de Vitoria, en la reunión de la Asociación de Profesionales de Musicoterapia? ¿De cuando conocí a un amigo que me habló de sus experiencias en la guerra y de su estrés postraumático? ¿De cuando comencé el Máster de Musicoterapia? Y, también, ¿hasta cuándo y hasta dónde va a contar este final? ¿Hasta que el avión despegue esta noche? ¿Hasta que encuentre una casa en Barcelona? ¿Hasta que empiece a trabajar?

Mmmm…no… (sonrisa burlona de Betty)…ni final ni principio, esto es una especie de espiral infinita, que crece, que a veces marea, otras ofrece confianza, en donde una continúa pasando por los mismos lugares una y otra vez (sí, sí…para que te quede claro) … pero diferente. Yo, al aterrizar en tierra madrileña y, luego, barcelonesa, seguiré siendo la misma, pero diferente.

Curioso. Inevitablemente igual, pero diferente. Aunque aún no sé cómo diferente, en qué diferente, desde dónde igual.

Mmmm…

Por último, y antes de volar hacia el frío, la crisis y la corrupta Navidad, lanzo mi humilde ofrenda al espacio internáutico, ese espacio espiraloso indefinido, para agradecer a todas esas personas que aparecen en mis fotos y que viven en unas condiciones tan difíciles, agradecerles su anónima existencia, ofrecérosla a vosotros, los no tan anónimos y, así, a su vez, podáis agradecerles el coraje que tienen para afrontar su espiral con tanta alegría y esperanza. Canto desde mis intestinos, desde mis tendones.


Yo, por mi parte, me siento eternamente agradecida por estos meses de lujo africano (tiempo para sentir, tiempo para reflexionar, espacios para conocer diferente y compartir diferente, espejos para comparar, momentos para aceptar) vividos con la certeza de que vuelvo a mi lujo europeo ( familia que me apoya, infraestructuras varias, posibilidad de planear, confianza en que puedo cambiar algunas cosas). Soy tan afortunada, pienso, de haber podido VENIR y de poder VOLVER …es difícil encontrar la manera de expresar ese agradecimiento, ese sentirme afortunada…casi que no cabe en las palabras, casi que no me cabe…me queda demasiado grande…por suerte, la vida se escapa entre las palabras.

¡Vuelvo a España!

CANSANCIOSsss y más sobre las EXPECTATIVASsss

Aunque me esfuerzo por ver la belleza y pensar que dentro de unos meses echaré de menos este continuo mirar al horizonte, me encuentro cansada de “entretenerme” para que pasen los días y, finalmente, llegue el momento en que mis pies y mi corazoncito pisen el sagrado terreno español. Lake Bunonyi es un sitio precioso para caminar, nadar, tomar el sol (cuando lo hay) y mirar al horizonte…si no fuera por el hecho de que constantemente niños y adultos me bombardean con las mismas frases, en el mismo orden y con el mismo tono agudo/nasal (no sé si es que intentan imitar cómo hablamos los mzungus …):

-Mzungu, how are you?

-Where are you going?

-What’s your name?

-Where are you from?

-You give me money, you give me sweets, you take my picture.

Algunos mezclan las frases y ofrecen resultados creativos como:

-How are you going?

-What’s my name?

Se nota que es una zona turística en donde muchos MZUNGUS se han dedicado a la entrega de ofrendas para sentirse bien consigo mismos, y me agobia infinitamente ser un sólo ente femenino por estos parajes. La brusquedad con la que se aproximan a su objetivo (en este caso, yo y mi blanco dinero), al parecer, es una característica de los Bakiga, la tribu que habita esta fría zona montañosa. Ha habido algún momento en que caminaba sola por la montaña, buscando esa maravillosa unión espiritual con la naturaleza, y ha aterrizado sobre mí un eco lejano…Mzungu!!!!How are youuuuu!!!…y he lanzado mi respuesta al aire, tal y como me había llegado, usando mis manos a modo de embudo, esperando que le llegara a mi desconocido y lejano interlocutor…I am fiiine!! How are youuuuu????…Y el eco indefinido me contestaba…You give me moneeeeyyyyy!!!!…

Estos niños son como pequeños robots creados para detectar piel blanca a distancias kilométricas y escupir como torpes resortes las cuatro frases aprendidas. Cosa que, inevitablemente, hace que dejes de contestar al saludo, claves la mirada a ese horizonte tan bonito y hagas oído sordos…no me gusta ser turista, pienso, quiero volver a ser voluntaria…por lo menos a la hora de pedirme cosas son un poco más discretos. También mi cuerpo empieza a notar que llevo 5 meses y medio con la mochila a cuestas, estoy cansada de ir pasando por lugares y por personas…la verdad es que me encanta tener tantas ganas de volver a buscar una rutina.

En fin. Como aún tenía unos días para entretenerme, busqué ponerme en contacto con algo para poner mi cuerpo y mi mente al servicio de algo, para tener cualquier tipo de relación con la gente de aquí que no involucrara esas frases que ya me atormentaban en mis peores pesadillas. Así que el hostal en donde me alojaba en Kabale me presentó a Agnes, una chica encantadora que me explicó su proyecto para trabajar con niños/as abusados y violencia doméstica. Los Bakiga no sólo son fuertes gracias a su devota entrega a las montañas, también son luchadores violentos, sobre todo cuando beben. Agnes me dijo que podíamos visitar a las familias de su programa para que viera en qué condiciones viven y sus problemas.

Como ya me conozco la dificultad que existe por aquí para organizarse, le dije que me iría dos días al lago Bunyonyi, así ella podría tener tiempo para pensar y organizar mi estancia y, a mi vuelta, me entregaría a la faena. Quedamos en vernos el miércoles a las 10:00. El miércoles a las 10:30 la llamé, me dijo que es que el coche se había estropeado y no podía venir a buscarme, que podría acercarme en boda-boda, que me acompañaría un miembro del hostal. A las 11:30 dicho miembro ya estaba en condiciones de acompañarme. Justo cuando entrábamos en la casa, un coche con una familia entera en su interior salía del compound. Agnes me acogió con calor ugandés, me enseñó la oficina, el salón, la cocina, el huerto, un álbum entero de fotos del año 2005, me hizo un té y, cuando volvió la luz, encendió la televisión y puso el dvd de Sonrisas y Lágrimas. Bien, pensé, es la primera señal de que se acerca la Navidad.

-Are we going to visit the families? -le pregunté.

-Yes, but we are waiting for the other man. I don’t feel it is right to go without him.

The other man, al parecer, era el padre que estaba en el coche. Así que, de nuevo, esperando sin saber muy bien qué esperar.

Sobre las 16:00 llegó la familia. Todo el mundo me dio la bienvenida y tuve una charla interesante con el padre, un artista pero también counselor. La madre, curiosamente, se llamaba Anne, había sido profesora de música y ahora también era counselor. Prepararon la comida, comimos mientras mirábamos West Side Story (no sé si ésto era una práctica habitual o intentaban complacer a la visitor mzungu) y luego (17:30!!!!) dijeron que ya era demasiado tarde para ir a visitar las familias, que la hija mayor tenía que ir a la piscina… ????

Ya ni me preocupo por intentar averiguar qué pasa. Antes lo intentaba, para ver si mi mente occidental podía ofrecer una solución al problema logístico. Ahora no me apetece invertir energía en eso. Si quieren que haga algo, que lo organicen ellos. No puedo evitar sentir cierto desencanto…eso de no tener expectativas no sólo es difícil, sino que me provoca cierta apatía. Ya me da igual. ¿Que vamos a visitar familias? Genial. ¿Que en vez de eso vemos West Side Story? También me va bien, hace mucho que no la veía. ¿Que hablamos sobre los problemas de Uganda? Estupendo. ¿Que no hablamos y simplemente comemos en silencio? También. Pero me he dado cuenta de que, en realidad, me gusta esperar cosas, me gusta sentir ilusión esperando algo. Esta apatía, este “me da igual”, no la elijo, sólo la acepto.

Con lo cual, hay ciertas cosas que se repiten entre las diferentes tribus ugandesas. Ellos, incluso, dicen que es que “así es África”. Muchas de las frases que pretenden autexplicarse comienzan con “we africans are…”. Siempre me sorprenden estas frases…pocas veces he oído “nosotros los europeos somos…”. No sé cómo será el resto de África, aunque la curiosidad me ronda con cierta seducción. Muchos mzungus me han dicho que África engancha, que una vez uno ha estado aquí necesita volver. Lo que me faltaba, pienso yo, engancharme a otro país. Como si no tuviera suficiente con Grecia. Muchos ugandeses me han dicho:

-When are you coming back?

-Why don’t you stay?

-But, Ana, now you have seen Africa! Now you are a part of it! You cannot leave us!

A modo de respuesta me sale una sonrisa burlona copiada de Betty, una sonrisa que a ella le salía cada vez que yo le lanzaba una pregunta desde mi mentalidad “europea”…mmm…we will see what happens, contesto. Pero ahora mismo por mi cabecita sólo se pasean ciertas palabras que quizá ellos tampoco puedan entender: mamá/papá, aceite de oliva, café expreso, vino Rioja, verduras/ carnes / pescados no estofados hasta su muerte, amigos, ducha de agua caliente, mamá/papá, aceite de oliva, café expreso, vino Rioja…

 

This slideshow requires JavaScript.

SOBRE LAS EXPECTATIVAS

En mi paso por las Montañas Rwenzori, y a falta de dinero (los famosos mzungu prices) y de material adecuado para emprender una travesía de 5 días por el parque nacional, decidí apuntarme a lo que aquí llaman community walk: dos días y una noche surcando las montañas preliminares a los Rwenzori. Por supuesto, de lo que dicen (y lo que tú consecuentemente imaginas añadiendo elementos de tu propia cosecha…comúnmente denominado como expectativas) a lo que luego hacen o, más bien, ocurre, hay un considerable hueco resbaladizo en donde cualquier acontecimiento tiene cabida. Sin embargo, cuando una está de vacaciones no importa tanto deslizarte hacia un lado o hacia otro. Así que, al final, esos dos días de hiking, fueron en realidad tres horas caminando lentamente para subir una montaña, mi guía parando en cada casita a saludar con calma a toda la gente que ya ve diariamente, yo repitiendo una y otra vez la única palabra local que he aprendido -wabushire-, todos riéndose cuando pronunciaba susodicha palabra, y así hasta llegar a un colegio en donde acampamos. Llegamos sobre las 13:30 y el resto del día fue para ejercer la ya consabida práctica ugandesa: mirar al horizonte. Eso sí, un horizonte precioso. Por suerte no paraban de emerger niños por todas partes que salían corriendo despavoridos cada vez que yo intentaba comunicarme con ellos, así que estuve entretenida jugando al escondite.

Al día siguiente, mi guía me despertó para ver el amanecer y me dijo que debíamos descender con urgencia porque a las 9 de la mañana tenía otra actividad. Yo dije que vale, descendamos, pero que nada de prisas, que había pagado por DOSdías de hiking. Me dijo que sí, que no me preocupara, que podíamos seguir caminando un rato más, que podíamos llegar al hostal sobre las 11:00 o 12:00. Mientras bajábamos pasamos por un pueblo de 3 casas en donde, al parecer, estaban preparando una fiesta.

-It’s a give away party -me dijo mi guía-. We are giving away a girl from the village and she will go to the man’s village.

Me presentó a la futura novia y a todos los familiares. Me saludaron con efervescente entusiasmo, estuvieron hablando un buen rato y, finalmente, mi guía me dijo.

-They want you to stay for the party.

Yo, por supuesto, encantada. Mi guía me dijo que podíamos bajar al hostal, dejar mis cosas, comprar un regalo a la futura novia y volver a la fiesta.

-Pero ¿no tenías una actividad urgente a las 9?

-Ahhh…les diré que no puedo, que tengo una fiesta de despedida.

Estas cosas ya no me sorprenden…lo mismo te dicen una cosa que otra, explotando las contradicciones como pompas de jabón ante tus propias narices, pero ellos no se sorprenden, ni se inmutan, casi que ni lo viven como una contradicción…porque, en realidad, en ese terreno resbaladizo enjabonado, todo puede ser. Me he cruzado con algunos mzungus que me dicen que no les gusta el carácter ugandés, que mienten mucho, que simplemente dicen lo que creen que quieres oír, como para complacerte y dejarte contento, pero que no dicen la verdad. Es cierto que no suelen decir LA verdad. Porque aquí no existe. Más bien, hay toda una serie de verdades posibles y las van enumerando hasta que encuentran una que se acomoda a ti. Crean verdades al gusto del consumidor. En realidad, es todo un arte. Aunque cuando buscas una respuesta redonda y estable, tanta posibilidad marea, y cansa. Y te deja con una sensación de que nunca podrás llegar al fondo del asunto, nunca podrás entender qué pasa por dentro de sus cabecitas. Por eso hacer terapia aquí es tan complicado, porque te enredan con las palabras, cambiándolas hasta que logran ajustarlas a tu rostro complacido. Pero lo bueno de la música – que aquí está por todas partes- es que no miente. Su música no miente.

Total, que bajamos, compramos un regalo y volvimos. Llegamos sobre las 11:30, saludé con mi wabushire a todo el mundo, observé un rato cómo cocinaban las mujeres y luego mi guía me llevó a una zona en donde mucha gente comía arroz con carne, el manjar que ofrecían a TODO ser que se acercara por allí. Sobre las 13:00 habíamos acabado y me llevó a una zona con toldos y bancos, un enorme equipo de sonido (y el consecuente zumbido del generador), unos sofás forrados con sábanas blancas y una mesita en donde empezaron a colocar refrescos, unas tartas y cacerolas. Varias personas cogieron el micrófono y hablaron larga y tendidamente sobre cosas -según sus gestos y flexiones de voz- muy importantes. A veces los discursos iban acompañados por una música que el dj se aseguraba de poner a un volumen suficientemente alto como para distorsionar todo el sonido. Otras veces la quitaban. No logré adivinar el criterio para dicho ejercicio. La gente iba llegando, iban trayendo más bancos, más gente, más bancos, más gente, más gente, más gente…mismo espacio, mismos bancos, pero siempre más gente. En un momento dado incluso yo tuve que coger a un par de niños en mi regazo. Los discursos y la música siguieron un rato más y, finalmente, la ceremonia comenzó. Miré el reloj. Eran las 16:30. Increíble la manera en que he aprendido a que pasen las horas sentada, sin hacer nada. ¿Estaré aprendiendo, sin querer, a meditar?

En los sofás centrales se sentaron dos chicos vestidos con traje, y en los de alrededor chicas y chicos también bien vestidos. Pregunté y me lograron comunicar que era el novio, su familia y el bestman. Empezó de nuevo la música y una fila de jovencitas con una cinta en la cabeza desfiló hacia los sofás siguiendo el compás. Uno de los dos chicos centrales se levantó, observó con detenimiento a cada una de las chicas, mirando incluso detrás de sus orejas, y luego hizo un gesto de desaprobación. Las chicas volvieron a desfilar bailando y se marcharon. Otra fila de muchachas más mayores volvió a hacer lo mismo, el chico las estudió, volvió a negar con la cabeza, y las chicas se fueron. Esto se repitió varias veces.

-He is looking for the right one -me comentó mi vecino.

-Ahhhhh -le dije-, is he the groom?

-No -me dijo-, he is the bestman.

Cuando por fin la encontró, se sentó en su sofá y empezó el turno de la novia. Al compás de la música, empezó a bailar por el poco espacio que quedaba vacío, a mirar a todos los chicos que había, hasta que encontró a su futuro marido. Entonces se pusieron de pie, todos a su alrededor vitoreando y ellos con el rostro más inexpresivo que he visto jamás. Ni una pequeña sonrisa, ni un abrazo, ni un cogerse de las manos, ni, por supuesto, un beso.

Entonces empezó la entrega de regalos a la novia. Las personas se iban poniendo de pie, salían como podían de su encajonado lugar, entregaban su regalo, se hacían una foto y, no sin dificultad, se volvían a sentar. Los regalos eran todos para asegurar el futuro bienestar de la novia en su nuevo hogar: platos, sartenes, cacerolas, palanganas y algún vaso. La novia permaneció durante todo el proceso con la misma cara inexpresiva. A su lado estaba su hermano, el encargado de “entregarla”, también con un rostro inexpresivo. Sólo cuando me levanté yo a entregarle mi regalo (un termo para el agua caliente, siguiendo los consejos de mi guía) y todo el mundo empezó a aplaudir y a reírse, pude observar un pequeño esbozo de sonrisa.

Cuando todo el mundo se hubo sacado la foto entregando su regalo, repartieron la comida especial a los familiares: espaguetis, un huevo cocido, una patata redonda cocida y frita, un trozo de tarta. A mi también me entregaron un plato, por ser la VISITOR, y cuando ofrecí compartir la comida con mis -ya para entonces- íntimos vecinos, la comida desapareció ante mis ojos en un santiamén. ¡Menos mal que no tenía hambre!

Y eso marcó el final de la ceremonia. La música siguió y todos se escamparon por el monte, dispuestos, según me explicó mi guía, a emborracharse toda la noche. La boda se celebraría dos días después y entonces toda la familia acompañaría a la novia, campo a través, hasta su nuevo hogar.

Cuando pagué por mis dos días de hiking, ésto no entraba en mis expectativas.

 

This slideshow requires JavaScript.

MOMENTOS DE INTIMIDAD VIAJANDO POR UGAAANDA

Viajando por Uganda estoy conociendo la variedad dimensional del país. Estoy percibiendo una diferencia brutal entre el Norte (plano, gente alta y esbelta, rociada con “huts” y basura, dependiente de carreteras infernales de barro, surtidores de agua que tienes que bombear con fuerza, cortes de electricidad de hasta 36 horas) y el Sur (montañas, gente bajita y con ojos muy grandes, poblada por gente que vive en auténticas casas, carreteras asfaltadas Y con carriles marcados, ¡rotondas!, surtidores de agua con grifos, cortes de electricidad de pocas horas al día). En Fort Portal, por ejemplo, no sólo disfruté caminando por una señora ACERA, sino que incluso llegué a tirar mi basura en una PAPELERA.  Allí también pude disfrutar de una noche de borrachera bailonga (¡¡qué placer bailar con esta gente!!), conversaciones fluidas y profundas en inglés, una cena con ugandeses sentados en sillas alrededor de una mesa con cubiertos y servilletas…vamos, que la mayor parte del tiempo tengo la sensación de estar en otro país, sobre todo cuando me oigo a mi misma explicando a un ugandés quién es Joseph Kony, en qué consistía eso de la guerra del Norte de Uganda y cómo vive la gente allí. Ahora comprendo por qué el gobierno de Museveni ha tenido una crítica tan favorable ante los muchos logros que ha conseguido: porque su Uganda acababa en Karuma Falls. A partir de ahí, donde comienza la tierra de los acholi, no contaba.

En Fort Portal también pude renovar mi visa y tener una conversación de lo más entretenida con el funcionario de inmigración (al que tuve que esperar pacientemente cuatro días). Tras preguntarme las típicas  cuestiones de una oficina de inmigración (qué haces aquí, por qué dejas tu país y vienes a hacer un voluntariado, quién te está pagando…) y sacudir incrédulo la cabeza, miró con detenimiento mi pasaporte, me lanzó una profunda mirada desconfiada y me preguntó:

-Are you married?

-No -le contesté.

-Do you have a relationship?

-No.

-Do you have children?

-No.

Volvió a mirar mi pasaporte y frunció el entrecejo.

-And don’t you think it’s about time?

-Yes, I think it’s time -le contesté.

-You know, people here when they reach your age have 5 or 6 children.

-Yes, I know -respondo-, and they can’t pay for their education or proper food.

Por fin me sonríe.

-You are right -me dice-. These people need to stop producing (palabra usada aquí para decir “tener hijos”) and do some family planning.

Hubo un pequeño silencio en donde otra pregunta corría por entre el ambiente.

-So why don’t you get married? -finalmente me preguntó.

-I want to -le digo-, but I haven’t found him yet.

-Maybe you’re not so much open. Maybe you don’t really want to.

Yo siempre acabo suspirando cuando la conversación llega a este punto. Es una conversación que, desde que he dejado mi condición de voluntaria y me he convertido en solitaria viajante femenina, tengo bastante a menudo. Curiosamente mis interlocutores son siempre masculinos. Las mujeres pocas veces me preguntan por mi vida personal. En realidad, pocas veces me preguntan. Punto.

-Maybe -siempre acabo diciendo.

Eso sí, algo que no cambia del Norte al Sur es el transporte público. Si estás aburrido en casa y quieres vivir una aventura lo único que tienes que hacer es viajar en transporte público y ya tienes la aventura asegurada. Es importante empezar el viaje por la mañana temprano porque nunca sabes cuánto tiempo puede llevarte llegar a tu destino final. También es importante no beber demasiado porque no hay paradas oficiales para ir al lavabo y, además, éstos no existen. También – una vez encajonado en tu asiento, medio invadido por las personas que te rodean, niños, maletas, bolsas y gallinas- resulta de lo más aparatoso salir para un “short call” (hacer pis). Por tu propia higiene, más te vale no necesitar un “long call” (hacer caca). Si, a pesar de todo, no puedes evitar beber agua (cosa bastante probable, ya que los asientos están forrados por un plástico apropiado para el clima tropical que provoca brotes de sudor y, además, el motor se mantiene encendido durante la media de dos horas que esperas sentado hasta que el autobús definitivamente parte) necesitas salir para un “short call”, nadie protestará si le pisas o clavas codazos por doquier. Por supuesto, tú tampoco puedes protestar si te lo hacen a ti. Aún no he encontrado el método para que no se me duerman las piernas y el trasero en los primeros 20 minutos del viaje.

La cercanía de tus compañeros viajeros y el hecho de que estamos tantas horas arrejuntados, hace que compartamos momentos íntimos. Una vez estuve 9 horas junto a una mujer y su hija de 7 meses. Fui testigo físico -gracias a sus constantes codazos- de su agilidad para cambiar pañales con una sola mano y lanzarlos por la ventanilla. La niña no dijo ni mu en todo el viaje. Su presencia era percibida meramente a través del olfato. Otra vez tuve a una mujer siempre interesada en todo lo que nos ofrecían por las ventanas cada vez que parábamos (que era, más o menos, cada 15 o 20 minutos): maíz, kassava, muchomo (pinchos de carne), cacahuetes, saltamontes fritos (¡¡¡mmmm!!! ¡¡¡buenísimos!!!), platanos…Como yo estaba al lado de la ventana, se tumbaba encima de mí, aposentando sus enormes pechos en el hueco de mi esternón, su barriga ejerciendo una correcta y profunda respiración diafragmática sobre la mía, abandonando un -por lo menos- 30 % de su peso sobre mis muslos, y agarraba lo que le ofrecían, lo estudiaba con detenimiento, pedía que le dieran otra muestra, lo volvía a estudiar, preguntaba el precio, regateaba, se lo pensaba, volvía a cambiar de idea… en el proceso a veces el autobús salía despedido y los vendedores corrían para devolverle el cambio (“My balance!!”, gritaba como una poseída) o ella les arrojaba el material porque finalmente había decidido no comprarlo. Para entonces yo ya casi me había quedado sin respiración y estaba mareada de tener sus sobacos a una distancia demasiado íntima de mi nariz. Ni un perdón, ni una sonrisa. Aquí el espacio personal no existe.

 

            “I often found it helpful to think central Africa in the mid-199s as comparable to late medieval Europe -plagued by serial wars of tribe and religion, corrupt despots, predatory elites and superstitious peasantry, festering with disease, stagnating in poverty, and laden with promise. Of course, a key process that had helped European peoples pull toward greater prosperity and saner governance was colonialism, wich allowed for the exporting of their agressions and the importing of wealth”.

            We would like to inform you that tomorrow we will be killed with our families, Philip Gourevitch

 

Os dejo con fotos de los lugares tan bonitos que hay por estos parajes…

This slideshow requires JavaScript.

SOBRE EL DISCURSO

We are, each of us, functions of how we imagine ourselves and of how others imagine us, and, looking back, there are these discrete tracks of memory: the times when our lives are most sharply defined in relation to others ideas of us, and the more private times when we are freer to imagine ourselves”

We wish to inform you that tomorrow we will be killed with our families,

Philip Gourevitch

 Estos días en Kassese, compartiendo con Bethan nuestras vivencias en el proyecto de Gulu (¿Sirve de algo lo que hacemos? ¿Hasta dónde podemos realmente profundizar considerando las barreras culturales? ¿Podemos llamarlo musicoterapia?) y en general en Uganda (¿Qué me va a pasar cuando vuelva a España? ¿Cómo, en qué y hasta dónde he cambiado? ¿Desde dónde voy a digerir todo esto?), observo cómo, a apenas dos semanas de haber dejado Gulu, empiezo a construir mi discurso, a moldear el cúmulo de experiencias, a darle forma a todo ese contenido desde una distancia. Y me doy cuenta de que ¡la manera de crear ese discurso influye en la experiencia en sí,! El cómo formalizo, el cómo CUENTO lo que he vivido, hace que los posos de la vivencia se aposenten de una manera o de otra. En definitiva, que tanto hablar sobre la importancia del CONTENIDO ¡y resulta que no es tan fácil separarlo de la FORMA! Van juntitos, el uno influye en el otro, el otro marca los pasos del uno…según cómo se cuente, se recordará…según cómo se recuerde, SERÁ. De ahí el poder del discurso para integrar. Pero también para controlar.

“So Rwandan history is dangerous. Like all of history, it is a record of successive struggles for power, and to a very large extent power consists in the ability to make others inhabit your story of reality -even, as is so often the case, when that story is written in their blod.”

We wish to inform you that tomorrow we will be killed with our families,

Philip Gourevitch

 Ahora, ¿qué pasa si el discurso no queda afianzado por la palabra? Recuerdo una conversación que tuve con Betty sobre lo importante que es anotar las cosas en un cuaderno. ¡La cantidad de veces que le preguntaba sobre algo del pasado (su experiencia con otros voluntarios, cómo habían evolucionado los niños, qué diferencias había entre el principio del proyecto y el ahora…) y me contestaba:

-Ahh…Ana…so many things…it is not easy to remember…

No había nada escrito que testificara el pasado. Si el discurso se pierde, si se escapa en su oralidad, es casi como si no se hubiera vivido la experiencia. Cuando no tienes nada a lo que agarrarte, nada con qué compararte, empiezas de cero cada día…y así es difícil crecer. Me da la sensación de que así es Africa. Cada día empiezan de cero. Como si el ayer no hubiera existido. Como si el mañana no fuera a suceder. Estoy convencida de que el estar escribiendo y compartiendo con los lectores internáuticos mis experiencias aposentadas entre estas palabras hace que todo quede más apelmazado y seguro en mi interior.

“But there is no reliable record of the precolonial state. Rwandans had no alphabet; their tradition was oral, therefore malleable; and because their society is so fiercely hierarchical the stories they tell of the past tend to be dictated by those who hold power, either through the state or in opposition to it.”

We wish to inform you that tomorrow we will be killed with our families,

Philip Gourevitch

Ahora, con las diversas modernidades de hoy en día, el discurso ya no se da sólo con la palabra, así que aquí os ofrezco mi discurso musical, un pupurri de diversas grabaciones de audio que realicé en Gulu. Hay también un soporte visual, pero si cerráis los ojitos y simplemente escucháis…mmmm…¡¡es delicioso!!

Sin embargo, la maleabilidad de África también nos ofrece todo un campo de aprendizaje a nosotros, los blancos, los mzungus, los munus, que a veces concebimos la vida a través del rígido e inamovible discurso y no vemos el mundo de POSIBLES que se abre ante nosotros cuando todo puede ser, cuando todo depende…a veces sí, a veces no.

Aquí algunas fotos de Kassese…

This slideshow requires JavaScript.

AYO (la que naci’o por el camino): FORMANDO EL CONTENIDO

Recuerdo hace tiempo que un amigo me dijo que yo era muy diferente cuando trabajaba a cuando estaba de vacaciones…que “Ana trabajando” era mucho más irascible a “Ana de vacaciones”…supongo que eso pasa por tomarme el trabajo demasiado en serio, por querer con demasiado ahínco que las cosas salgan BIEN, por SER maestra, o músico, o musicoterapeuta y no JUGAR A SER el rol que me pertoca. Mi actitud, al ser “turista”, al estar siendo acogida y guiada, es totalmente diferente: observo, acepto, me adapto. No tengo que interferir ni conseguir nada, simplemente me impregno del ambiente y sigo la corriente. La lentitud, el contraste de ritmos, sin embargo, me sigue costando…el levantarte y esperar dos horas a que se caliente el agua para tomar un café, que te digan “la comida ya está casi preparada” y observar cómo el reloj va marcando las horas hasta que finalmente el plato de comida llega a mis manos, sentarte en el sofá y esperar sin saber muy bien qué esperar…aprendo a esperar, sin esperar nada concreto y sin desesperar…¡¡¡es difícil!!!

La hospitalidad de Betty y su marido Deo es una delicia…soy la afortunada VISITOR a la que sirven los mejores trozos de carne en la mejor vajilla, y la que duerme sola en una cama. En la cama de al lado duermen Betty, Deo (el marido) y Benjamin (el hijo de 4 años). En la otra habitación duermen en dos camas individuales Lynnet (la hija de 6 años), Gloria (la sobrina del pueblo que vive con ellos porque su madre murió) y Beatrice (otra pariente que también perdió a su madre y que se encarga de las cosas de la casa). La cama que yo ocupo pertenece a los niños. La casa es un ejemplo de la clase media ugandesa: tienen dos habitaciones, un baño, una cocina y una sala de estar. Hay agua corriente y electricidad (cuando la hay, claro está). Tienen televisión, dvd, varios equipos de sonido, una plancha y una enorme nevera en donde sólo guardan agua (es curioso porque, aunque tienen la nevera, siguen comprando  y consumiendo la comida diariamente). Por supuesto, estos elementos sólo funcionan cuando hay luz que, desde que yo estoy aquí, es más o menos la mitad del tiempo. En la cocina tienen un hornillo de gas, pero nunca lo utilizan, cocinan con su tradicional hornillo de carbón. Y aunque tienen agua corriente siguen utilizando el tradicional sistema de palanganas llenas de agua para limpiar los utensilios de la cocina y la ropa. En el baño tienen una ducha, pero nunca la usan, se siguen bañando con las palanganas de agua. El lavabo, aunque es un agujero en el suelo, tiene la forma de taza de váter y puedes tirar de la cadena. Me parece un claro ejemplo de la mezcla que hay aquí de “tradición” con “modernidad”…casi como vivir en una transición, en algo que está a medio camino y que no llega a ser ni lo uno ni lo otro…como yo, que ya he recibido mi nombre Acholi: Ayó (la que nació por el camino).

A pesar de que viven en una casa con ventanas, la mayor parte de las veces están cerradas, hay oscuridad, me siento triste si estoy mucho tiempo aquí dentro, necesito salir a tomar el aire…no puedo ni imaginarme lo que debe ser vivir en un “hut” sin ventanas en donde toda la familia convive en un único espacio…por eso aquí hay tanta vida afuera, en la calle, porque adentro, en la casa, no se puede estar, no se puede ser.

En casa de Betty se insiste mucho en los “good manners”, en todo lo que implica una FORMA, algo que, en principio, sujeta al CONTENIDO: vestirse bien, tener la ropa planchada, tener los zapatos limpios, peinarse el pelo, saludar, decir “welcome back” cuando llegas a casa o “we will miss you” cuando te vas, decir “thank you for cooking” cuando acabas de comer, arrodillarse para ofrecer un vaso de agua…todo esto, observo, es cultural, se insiste en la trasmisión generacional, se pone énfasis en su importancia, es rígido, se repite o imita de manera automática, casi como cantar una canción sin entender la letra, como un canto tántrico que, de tanto repetirse, queda  inmerso en un estado apatico en donde no te cuestionas ni qué dices ni para qué lo haces. El CONTENIDO de todo eso, sin embargo, queda bastante suelto y maleable, en transición, por el camino, Ayo,  deambula entre las fronteras de la forma sin saber muy bien quién es, hacia dónde va, dónde quedarse.

Por ejemplo, Benjamin, el hijo de 4 años, puede coger una rebanada de pan, restregársela por la cara mientras camina por la sala de estar dejando, así, constancia de su trayecto con las migas esparcidas por la alfombra, y Betty dice (FORMA):

-Ah,ah…Benjamin! Is that good manners?

El niño responde (FORMA):

-No.

Y continúa su bailoteo miguero por la sala (CONTENIDO). Entonces Betty chasquea la lengua, sacude la cabeza con gesto de desaprobación y dice:

-Ahhh…this boy does not have good manners!! Is that what I have taught you?

-No -contesta Benjamin.

-What must you show?-pregunta ella

-Respect -contesta él.

Pero Benjamin sigue desmigando el pan, metiéndoselo en la boca y escupiéndolo, bailando por la habitación. Y Betty no HACE nada, sólo repite las frases tántricas. Presenciar estas escenas era algo que me causaba mucha ansiedad en los colegios de Gulu. Allí también los niños repetían como papagayos frases que, en realidad, no habían llegado a sus  fondos, no habían alcanzado a sus contenidos. Ahora, desde mi actitud de turista, lo observo y me río con ella…

-Ahhh…this boy is stubborn!!

No puedo evitar no estar de acuerdo con sus maneras, pero, de nuevo, yo no soy madre, ni vivo lejos de mis hijos ni, por supuesto, soy ugandesa. Cada uno lo hace lo mejor que puede, eso está claro.

Sin embargo, y trasladándolo al campo de la musicoterapia, en donde lo relevante es el CONTENIDO y no la FORMA, vuelvo a constatar la importancia de tener muuuuuuuuuuuchas sesiones con el mismo grupo…para poder disolver un poco toda esa gruesa capa de FORMA, ir limándola con suave perseverancia, a latidos constantes, a golpe de corcheas,  y, así, poder llegar a rozar, acariciar y masajear un poco el CONTENIDO…y, a partir de ahí, poder darle una forma, poder FORMAR EL CONTENIDO.

Por otro lado, observo cómo juegan Benjamin y Lynnet (la hija de 6 años), sin artefactos, entreteniéndose con una mosca muerta, el brazo de una muñeca, una pajita, una sandalia, una miga de pan envuelta por hormigas…y me maravilla que no se aburran ni necesiten de constante estimulación por parte de un adulto para pasar el rato. Y cuando descubren algo, o se pelean, gritan “Mummy! Mummy!” y allí está Betty para atender y responder a sus peticiones. Además, tenemos a los vecinos que entran y salen de casa con toda naturalidad. También de vez en cuando la casa queda en silencio, en calma, y eso significa que los niños están en casa de los vecinos.  A mi, en cuanto pisé la casa, me bautizaron como “aunty”, la “tieta”. Las dos chicas que viven con ellos -Gloria y Beatrice- se encargan de los niños cuando Betty trabaja en Gulu y Deo en Hoima, pero también están los vecinos, una enfermera de la clínica de al lado, familiares del marido y, en general, todo el mundo que convive en un área de 50 metros cuadrados. Todos crían a los hijos de todos. Porque todos comparten la FORMA. Todos están ahí para todos. Porque todos son uno. Si existiera esa manera de hacer en las ciudades españolas seguro que no me estaría pensando tanto lo de ser madre soltera.

            ¡¡Gracias, Betty, por compartir tu mundo conmigo!!

This slideshow requires JavaScript.

(Por cierto, mi madre me ha enviado mi antigua camara de fotos, asi que ya vuelvo a estar armada!!Gracias mama!!)

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.